En Moneyball
nos encontramos con una de esas películas que tanto gusta hacer a
los americanos. Una historia de superación personal, en la que un
hombre consagra toda su vida a luchar por un objetivo. En este caso
tenemos la historia real de Billy Beane, director general del equipo
de béisbol "Oakland Athletics", un equipo con un
presupuesto cuatro o cinco veces menor que sus competidores, pero que
sin embargo consigue llegar a la final de las series mundiales por el
titulo dos años consecutivos. Brad Pitt, lo mejor de la película,
interpreta a este visionario Manager que introduce un nuevo sistema
de análisis del juego, cambiando la forma de entender un deporte con
más de doscientos años de historia. Para ello se enfrentará a los
grandes elefantes de la competición que no quieren que nada cambie
en su juego.
Este tipo
de historias, en las que un hombre hecho a si mismo,con ideas
novedosas y arriesgadas, consigue vencer a todo un sistema, gustan
mucho en el cine de Hollywood, por eso quizá esta película ha
logrado 6 nominaciones a los Oscars. Y digo que quizá es la historia
lo que conmueve al público de aquel lado del Atlántico, porque lo
que es la obra en sí tiene poco que destacar.
Y es que la
película es plana, con un desarrollo predecible y con unos efectos
visuales nada destacables. Si la comparamos con otra película mítica
de este género, como "Un domingo cualquiera" (Oliver
Stone, 1999) , la dirección de Bennet Miller en Moneyball sale
claramente perdiendo. Resulta curioso que la obra de Stone no
consiguiera ni una sola nominación al Oscar, ni siquiera por su
vertiginoso y espectacular montaje, y que Moneyball sí opte a este
galardón, cuando lo único que destaca de su fotografía es su
simpleza narrativa.
Lo mejor de
la película son sus personajes. El omnipresente Brad Pitt continúa
con su linea de buenos papeles y recibiendo grandes críticas. En
esta película no podía ser menos. Todo el peso recae sobre su
personaje, por el que el espectador acaba sintiendo una mezcla de
rechazo y compasión. Pero el que está magnífico es Jonah Hill
(Supersalidos, 2007). Su papel, mezcla de patetismo con timidez y
ternura, sirve de un contrapunto perfecto para el histrionismo del
personaje principal.
El metraje
de la película es excesivo, teniendo en cuenta que el tercio final
de la obra reincide sobre una misma idea sin aportar nada nuevo. El
epílogo final es lo más destacable, ya que, por lo menos, sales del
cine con una sonrisa tierna dibujada en la cara.
Desde Punto
de Encuentro apostamos por el buen tirón que tendrá en la
recaudación de la taquilla este fin de semana. Pese a que el béisbol
no interese mucho en España, las 6 nominaciones recibidas, entre
ellas mejor película, y un Brad Pitt que por si solo es capaz de
atraer al público a las salas de cine, hará que Moneyball reciba la
atención de los espectadores.


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