Alfred Hitchcock, Charlie Chaplin, Woody Allen: Cuando el director toma el protagonismo (I)


Alfred Hitchcock, Charlie Chaplin, Woody Allen, Quentin Tarantino… Son algunos de los grandes realizadores que gustan de ponerse delante de las cámaras en sus propias películas


Los actores son ganado”. Así de contundente era Alfred Hitchcock con las personas que trabajaba. De todos es sabido la dureza del genial director británico para con sus actores. Trabajar con él era duro, muy duro, si no que se lo pregunten a Tippi Hedren en “Los pájaros”, de donde salió traumatizada para siempre.
Pese a esto, él gusta de ponerse delante del objetivo de su propia cámara en pequeños cameos que se convirtieron en grandes acontecimientos. Cuenta la leyenda que la gente de los cines londinenses jugaba a adivinar el momento en el que iba a aparecer Hitchcock en la pantalla y que la audiencia rompía en aplausos cuando salía. El papel del orondo director en sus películas era casi testimonial, sin embargo, en la historia del cine encontramos a grandes directores que decidieron tomar el protagonismo en sus cintas. Y es que como dijo el propio Hitchcock: “Cuando un actor me viene diciendo que quiere discutir su personaje, yo le digo: ‘Está en el guión’. Si él me dice: ‘pero, ¿cuál es mi motivación?’, yo le digo: ‘tu sueldo’”

Charlie Chaplin



El gran exponente del cine mudo y quizás la primera gran estrella de Hollywood a nivel mundial. Sus obras, pretendidamente humorísticas pero con un maravilloso trasfondo social, fueron interpretadas y dirigidas por él en su práctica totalidad.
Chaplin fue uno de los primeros en firmar un gran contrato con una de las major por encima de los seis ceros. Su popularidad le permitía tener total libertad en lo que decidía hacer, aunque no por ello no estuvo carente de enfrentamientos con productores y demás personas que trataban de meter mano en sus obras.
 La quimera del oro (1925), Luces de la ciudad (1931), Tiempos modernos (1935) y El gran dictador (1940) fueron sus grandes obras maestras en las que gracias a su interpretación fue capaz de construir esos personajes que se han quedado grabados en el imaginario colectivo de todos.


Tarantino es malo, muy malo como actor. Nadie lo puede negar, ni él mismo lo hace, sin embargo, por un motivo desconocido –o tal vez no tanto– las películas en las que actúa con un papel más o menos importante son las más reconocidas. Ahí le tenemos acompañando al mítico grupo de Reservoirs Dogs llevando la voz cantante en ese magistral diálogo inicial, o en Pulp Fiction, su obra maestra, donde también aparece.

Para Tarantino actuar es una diversión y así lo demuestra. Hace como Hitchcock con sus cameos; son pequeñas apariciones que están destinadas a los que hacen de extras pero que él realiza por dar juego a su séquito de fans. Así, encontramos la presencia del director amigo de la sangre y la violencia en hasta dos de sus películas sin que lo reconozca. Es el caso de “Malditos bastardos” y “Jackie Brown”, donde sus seguidores llevan años asegurando haber visto la tosca cara del director en el fondo de algún plano.
Como “actor” también suele participar en obras de sus amigos, como es el caso de Robert Rodriguez o George A. Romero, muy aficionados los tres a ese cine de sangre y vísceras.


Ya hablamos aquí hace poco de la nueva faceta como director de Ben Affleck, que incluso le postula como seguro candidato a ser nominado para el Oscar de este año por su película “Argo”. Sólo tiene tres films, en el primero de ellos, “Adiós pequeña, adiós” no se atrevió a compaginar ambas actividades, centrándose sólo en las cámaras. Sin embargo se debió ver muy sobrado y capacitado, ya que en su segunda película se lanzó sin miedo a compaginar ambas facetas. Primero en “The Town” y posteriormente con “Argo” hizo de protagonista sin miedo a que se cumpliera el dicho aquel de “quien mucho abarca poco aprieta”.


No son solo directores extranjeros. En España los realizadores también disfrutan viéndose reflejados en la pantalla. Almodóvar es quizá el mejor ejemplo, pero empezaremos hablando de José Luis Borau a modo de homenaje desde Punto de Encuentro por su reciente fallecimiento. El director zaragozano, que llevó a la pequeña pantalla a la mítica “Celia”, actuó en algunas de sus películas con papeles más bien secundarios o testimoniales, como en el caso de “Furtivos”, en el que compartió escenas con Ismael Merlo, entre otros.
El caso de Borau es de los menos habituales en esta terna de directores metidos a actores. Cuando él se dirigía sus papeles eran pequeños. Parece ser que compaginar ambos trabajos le costaba más que a otros, por eso, en la gran mayoría de sus películas solo se dedicó a la dirección dejando a un lado su vis interpretativa. Pero actuar y ponerse delante de las cámaras le debía gustar sobremanera, ya que participó con interesantes papeles en seis producciones de otros directores.

Woody Allen, Mel Brooks, Roman Polanski, David Cronenberg, Clint Eastwood, M. Night Shyamalan o  Robert Redford son otros muchos realizadores que suelen pasar buena parte de sus películas delante y detrás de las cámaras. Pero a ellos los veremos en “Cuando el director toma el protagonismo (II) y (III)”. Esperemos que no se cumpla ese dicho tan habitual del mundo del cine y segundas partes sí que sean buenas



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